LA BATALLA DEL 11 DE MARZO (BASKONIA – CIBONA)

Lunes, marzo 22, 2010 — 2 comentarios

Por Jazzteiz (foro gorrilunurdinak de www.baskonistas.com)

Llevábamos unos cinco meses de dura campaña, prácticamente sin descanso. A pesar de las bajas que habíamos sufrido, no habían llegado ni refuerzos ni tropas de reemplazo que merecieran tal nombre.

Nos dirigíamos al encuentro de una batalla clave: si nos derrotaban, todo acababa; si vencíamos, podríamos continuar nuestra marcha a París. No iba a ser una tarea sencilla. El frío y la nieve habían dejado impracticables los caminos. Cuando los había. Las gélidas temperaturas nos habían causado casi tantas bajas como el enemigo.

Habíamos tenido que dejar atrás los carros que transportaban los cañones más grandes y potentes. Incluso acarrear los pequeños nos costaba un gran esfuerzo, ya que los animales de carga estaban exhaustos.

Si no nos fuéramos turnando empujando las embarradas ruedas, también habríamos tenido que quemar los carros y volar aquellos cañones. Tal era el sufrimiento para todos, que incluso sacrificar un buey o una mula era muy meditada, pues a pesar del hambre que pasábamos, eso suponía repartir los víveres y las municiones en los macutos.

Y lo que obteníamos a cambio, no eran mas que montones de piel y hueso del que sacábamos más partido royendo que comiendo.

A duras penas llegamos al puente de Plitz. No era un gran río. Tampoco era un gran puente. La guarnición que lo protegía no era ni numerosa ni especialmente temible, si no fuera porque sabían muy bien cual era su cometido y estaban perfectamente ubicados.

No era un gran enclave estratégico, y sin embargo, nos era indispensable tomarlo cuanto antes, ya que habíamos tenido noticias de que un ejercito ruso con su comandante italiano al frente, podría tomar antes el puente de Hota, y entonces, aunque venciéramos en nuestra contienda, nos cerrarían el camino y no podríamos avanzar mas de aquel punto.

Mire a mi alrededor mientras la columna iba llegando lentamente a aquel improvisado campamento, a cierta distancia del puente. El linde de un bosque siempre da algo más de protección que el campo abierto.

No era necesario establecerse con comodidad, pues no habíamos llegado allí para sitiar una ciudad, si no para tomar un puente. Todo era cansancio y fatiga.

Rostros demacrados por el hambre, muecas causadas por el dolor, semblantes desencajados por el sufrimiento… y eso antes de entrar en combate.A medio camino del bosque y del puente, el general enemigo con su ayuda de campo observaban nuestro ejercito, o lo que quedaba de él.

Obviamente, querían asegurarse que la información que tenían de antemano se ajustaba a lo que estaban viendo en aquel momento. Cuando se dio por satisfecho, volvió grupas. Vimos algún ligero retoque en la defensa que habían planteado.

Tenían la estrategia bien estudiada, y la llevarían hasta sus últimas consecuencias.Vi reunirse el Estado Mayor. Tras montar los cañones en dirección al río, los hombres hicieron unos fuegos pequeños donde poder cocinar al tiempo que se calentaban.

Barac trata de anotar

No merecía la pena ocultarse, pues el efecto sorpresa no tenía cabida, y no había otra estrategia posible más que un ataque frontal.Aproveché el momento de reposo para sacar la pipa del interior de la guerrera.Milagrosamente, aun no se había roto.

Del saquito de la pólvora saque el poco tabaco que me quedaba. No era el lugar mas seguro donde guardar el tabaco, pero si el mas seco.

Extendí la manta en el suelo y empecé a desmontar el fusil, para limpiarlo a conciencia. No quería que se me atascara al día siguiente. No necesitaba que el teniente nos dijera que el ataque seria al amanecer. No había tiempo. No había mas días. Y si no ganábamos, por la noche podía haber sido el último día.

Calculé la distancia que deberíamos cubrir. Una gran explanada, una primera línea defensiva, el puente, y la segunda línea defensiva, mucho más sólida que la anterior. La artillería convertida en poco más que explosiones de humo y ruido y la caballería sin espacio para cargar, la infantería debería ser la que estuviera en lo más duro de la confrontación, como casi siempre.Confiaba en mis compañeros.

Ni aun habiéndolos seleccionados yo mismo habría encontrado un grupo mejor. Cierto es que eran poco mas que unos cadetes que habían participado en unas pocas batallas; yo mismo no era mucho mayor que ellos. Pero por todos los demonios, si debía ser allí donde una bala llevara mi nombre, me encontraría con la tranquilidad de saberme rodeado de compañeros y amigos.

El capitán hablo con el teniente, el teniente con los sargentos mayores, y los sargentos mayores con los sargentos y cabos. Nos explico el plan, que no podía ser otro: Atacar con la artillería mientras la infantería se acercaba. Y asaltar las defensas.

Era primordial cruzar el puente cuanto antes, para inutilizar su artillería y para que nuestra caballería pudiera ganarse el jornal. Avanzaríamos en línea, a fin de minimizar los daños de las balas de los cañones.

Luego cargaríamos por oleadas. No era un plan brillante ni efectivo. Cruzar el río estaba totalmente descartado por la profundidad y la fuerza que llevaba tras las últimas nevadas.No me consideraba un veterano de guerra a pesar de mi experiencia en combate.

Aun así, vi la dificultad del éxito. Morir es parte de la vida del soldado. A estas alturas, todos los que allí nos encontrábamos estábamos dispuestos a luchar y a morir, por la simple razón de que es eso lo que se espera de los soldados. Y para eso nos pagaban. Pocos tenían la secreta esperanza de que sus familiares no recibieran los 50 chelines como compensación por su muerte.

eLIYAHU TRATA DE ACERCARSE AL ARO

Me acomode contra una encina, me eche la manta por encima, y tras asegurarme que la pipa estaba apagaba y bien guardada, dormí un poco.Al alba ya estábamos preparados. Fui reunido junto al resto del pelotón y buscamos nuestra posición en el frente. Nos tocaba el ala derecha.

En cualquier otra situación estaríamos contentos de no estar en el centro, aunque para un asalto daba lo mismo un sitio que otro. No seriamos los primeros, pero también nos llegaría el turno.

Avanzamos al ritmo de nuestra pobre artillería. Apenas causaba daños en el enemigo, y nosotros andábamos un poco agachados, por si acaso. Tal vez por eso ni siquiera respondieron.

Seguimos avanzando, esperando la primera bala que silbara sobre nuestras cabezas o se parara con un ruido sordo contra el compañero que teníamos al lado. Sin embargo, fueron los cañones los que comenzaron a responder.

No tenían tan pocos, de manera que debían de estar tomándoselo con tranquilidad. No había necesidad de atacarnos, con aguantar era suficiente. Sabían bien lo que tenían que hacer. Iniciamos el asalto, o el intento de asalto. La primera línea se junto y cargo.

Fueron parados y obligados a retroceder. La artillería ahora sí que retumbaba como los truenos del mismísimo infierno. A duras penas podíamos salir del agujero donde nos habíamos tenido que meter. Cada intento de acercarnos era repelido sucesivamente. Casi no sufrimos bajas, a pesar de que tener casi una compañía entera movilizada era mucho peor. Estábamos desperdigados en medio de ninguna parte.

Para gran algarabía por nuestra parte, la primera línea defensiva desarmo sus parapetos y cruzo el puente a la carrera. Ya no nos pudimos acercar más, atrapados entre el fuego de artillería nuestro y suyo, y las andanadas de balas que nos disparaban. Entonces, cargó la caballería.

No la nuestra, si no la suya. La nuestra se lanzo en un intento desesperado de cubrir nuestra huida, pero sus cañones no les dejaron acercarse demasiado. Estábamos solos. Corrimos entonces hacia una arboleda donde poder reagruparnos y hacerles frente.

Nos ordenaron retroceder, reagruparnos, y volver al ataque. Nos llego el rumor de que los rusos estaban muy avanzados y que tomar el puente Hota era cuestión de tiempo, mientras que nosotros estábamos agazapados intentando seguir respirando.

Teletovic machaca el aro

Aquel que tenia algo de comida guardada aprovecho para comer. Se bebió lo que había en las cantimploras. En alguna había agua. Casi seguro. Mientras retrocedíamos vimos como formaban sus hombres delante del puente. No solo no habían retrocedido, si no que retomaban su primera línea defensiva y la aseguraban.

No era un ejército numeroso, ni lucia uniformes brillantes. Era un ejército que sabia luchar con las armas que poseía. Si no tuvieran esos malditos cañones…Todavía tuvimos que retroceder más. Casi hasta las posiciones iniciales.

Hopa no aguantaría mucho más, ni nosotros. Los cañones callaron, esperando la llegada de la noche, y de la derrota. La desesperación era patente en los rostros que me rodeaban. Apenas sentimos una voz, que sonaba lejana, y que nos hablaba a cada uno de nosotros directamente al interior.

– Contempla tus manos. Esconde tu cara tras ellas. Oculta tu rostro al mundo. Busca un agujero y entiérrate dentro. Desaparece. Que tus actos no dejen marca en el tiempo. Que tu influencia sea menor que la nada.

Que seas olvidado antes de haber muerto, pues eso es lo que merecen los que se rinden antes de tiempo. Mira, hombre. Mira al cielo. Todavía no ves las estrellas, pues no es hora de verlas. Todavía no. Y sin embargo has aceptado la derrota aun antes de que se produjera. Levántate, hombre. Levanta a tu compañero, y que este levante a otro, y este otro a otro. Y empuñad las armas. Atacad, y venced.

Los jugadores celebrando el pase a cuartos

Nos miramos unos a otros mientras nos levantábamos. Las miradas habían cambiado. Un halo de victoria nos envolvía. Y tal vez fuera por eso por lo que a día de hoy no nos explicamos aquel triunfo. Su artillería falló.

La nuestra acertó. Rompimos su primera línea defensiva. Rompimos su segunda línea defensiva. Huyeron. Unos pocos resistieron, mas no eran los suficientes. Muchos como ellos tampoco hubieran sido suficientes.

Gritamos. Aullamos de alegría. Ya poco importaba que el puente de Hopa también hubiera caído. Podíamos proseguir camino a París, aunque ello supusiera más dolor, más sufrimiento y más penurias. Y celebrábamos poder avanzar en aquellas condiciones.

Al fin y al cabo, somos soldados, y es nuestro trabajo.

 

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2 comentarios para LA BATALLA DEL 11 DE MARZO (BASKONIA – CIBONA)

  1. 
    www.baskonistas.com Lunes, marzo 22, 2010 en 10:32 pm

    Increible uno no sabe si está viendo una película sobre la Segunda Guerra Mundial o le están narrando un partido de baloncesto.

    Enorme talento literario Jazzteiz!!!

  2. 

    ¿Quién obtendrá las últimas plazas para los PlayOffs de la ACB?
    ¿Mereció el Baskonia un quinto partido en Moscú?

    Todo esto y mucho más en:
    http://malacarnebuenasalsa.blogspot.com/

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